El paro. Más paro. No hay forma de pararlo. Ni con las ‘profecías’ del ilustrísmo señor presidente del Gobierno de España, don José Luis Rodríguez Zapatero, que se dignó decir que el el último trimestre de 2010 España empezaría a crear empleo. Menos mal que se gana la vida como presidente porque como profeta lo iba a tener crudo. Pues para llevarle la contraria en el cuarto trimestre volvió a subir el paro según las cifras de la EPA. Pero como todos los focos estaban puestos en el pacto de las pensiones, las cifras de la EPA han pasado desapercibidas. Todos los medios volcados en Rubalcaba, Zapatero, Toxo, Méndez, que cenaron o no cenaron tanto negociar, o si Zapatero los ‘embrujó’ para que aceptaran firmar ese acuerdo que nos condena a no jubilarnos nunca por muchos años que vivamos.
Como pensión no vamos a cobrar hagamos un repaso por las cifras de parados para que se nos abaje la moral a las entrañas de la mina y no vuelva a subir. Hay casi un millón de personas (940.000) en España que llevan más de dos años buscando un empleo sin conseguirlo, un millón de personas que va a ser muy difícil que lo encuentre. Casi la mitad (42%) de los jóvenes menores de 25 años está en paro. Hay más de 1,3 millones de hogares donde nadie trabaja. En Canarias o Andalucía, el número de desempleados ronda el 30%…
El gradual endurecimiento pactado entre Gobierno y sindicatos para acceder a la pensión de jubilación no tiene otro sentido que terminar con algunos tabúes porque si no somos capaces de generar empleo, alargar el período en que la gente deberá permanecer en el trabajo si quiere acceder a un retiro digno puede parecer hasta un poco cínico.
Con las cifras de la EPA sobre la mesa parece mucho más urgente un gran pacto sobre el empleo que atacar el denominador de las pensiones (los gastos del sistema) cuando el numerador (los ingresos provenientes de la población activa) se deteriora, como haría un ejecutivo mediocre. Y ese imprescindible gran acuerdo sobre cómo frenar la sangría económica, moral, generacional… que supone un paro del 20,3% en el país debe poder poner todo el andamiaje del mercado laboral bajo el bisturí de los representantes sociales y el Gobierno: desde las políticas de formación hasta el Inem, desde la economía sumergida hasta las indemnizaciones por despido, desde el funcionamiento de la magistratura laboral hasta las subvenciones o las cotizaciones sociales vigentes, desde las prestaciones por desempleo hasta la negociación colectiva.
Resulta utópico pensar en que ese gran pacto pueda ser viable en las actuales circunstancias, pero no lo es tanto si hubiera un gobierno con el horizonte claro y los objetivos definidos y tuviese una voluntad firme de reformar. Tal y como exige la gravedad de las cifras, se puedan dar pasos importantes para acabar con esa desgraciada particularidad que nos distingue en Europa.
Hay que hacer ya bastantes más cosas que la cosmética reforma laboral aprobada el año pasado. En caso contrario, solo nos quedará encomendarnos a que una nueva ola de crecimiento nos eche una mano y reduzca el drama que muestra la EPA publicada el viernes. Pero ésa es una muy mala táctica
